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April 08 La casa de los dos08/04/2009
Los dos miembros de la pareja en la relación. (Alguna vez he comentado) los comparo a las líneas paralelas. No lo concibo de otra forma. Iguales y en la misma dirección. En mi caso estas líneas llegaron a unirse tanto.tanto. Con la llegada de los hijos se fueron trenzando. Después de 25 años de vida en común, cuando la convivencia se hizo difícil e insoportable, deshacer esa trenza me producía mucho dolor. Nos tantee, para no lastimarnos más. La solución la encontramos en cortar las líneas y tomar direcciones diferentes. Cuando empecé este blog me propuse no escribir sobre el padre de mis hijos Simplemente por respeto. Alguna vez di alguna pincelada movida por el resentimiento. Hoy no.
Volver a mi anterior residencia, lo retrase mucho tiempo. Me parece que paso un siglo, pero no. Solo han pasado seis años. Mientras me aproximaba por la carretera. Encontré a mi paso el restaurante típico. Donde tantas veces nos reunimos familia y amigos. Los días de fiesta y muchos sábados para celebraciones especiales.
Después ya mas cerca del pueblo, en lo alto, destacaban los cipreses del campo santo, Las dos torres de la ermita blanca, les hacían competencia. En el pasado, en mis viajes de ida y vuelta, siempre al verla sentía, un no sé que. Sensación de alegría, me decía, ya estoy en casa. Esta vez no.
Al pasar por el aserradero un olor fuerte a madera y resina lo impregno todo. Me molesto a esa hora tan temprana. Ya en la ultima curva te encuentras el parque de bomberos. A la entrada del pueblo. La Residencia de ancianos. Donde tantas horas de trabajo dedique. ¿Cuánto deben haber cambiado las cosas allí dentro? En seis años.
No pude ir directamente a la casa, lo retrase un poco más. Pase por el centro, sin gente a esa hora. La gasolinera, el centro de salud, el parque, la plaza de la roca . Me pareció todo igual. Subí por la carretera del polideportivo y al final de la cuesta, la casa donde crié a mis hijos. La casa de los dos. Llegue a la puerta y los peldaños de la entrada me hablaron, del abandono total que allí se daba.
Mis pasos, casi sin querer, me llevaron al fondo. Para mirar en la parte de atrás. El pequeño jardín, que en tiempos pasados construí. El cerezo que en su día llego a medir casi 10 metros, lo encontré seco, muerto. Penoso ver el columpio colgar de sus ramas. Todas las demás plantas envejecidas. Sin unas manos amigas que le dedicaran tiempo. Leñosas y desaliñadas, han crecido sin ninguna gracia. La parra que plante con tanto amor, me dio miedo al verla. Su tronco subiendo por la pared, se asemejaba a una gran boa, esperando, enroscada en la barandilla de la terraza del comedor.
El madroño no lo reconocía. Tan bonito que estaba siempre. Se juntaba la fruta verde con la roja y la nueva fluoración. En su sitio atraía insectos, pájaros y todas las miradas.
El abeto tan alto. Casi seco, con sus ramas raquíticas me impactó. En las navidades lo adornaba, el color verde y sus frutos destacaban aun más, con luces de colores y era una preciosidad.. La ultima vez que las coloque hacia una tarde de viento horrible. Casi me caigo al suelo. Los niños, los míos y sus amigos, mirando desde abajo reían divertidos, con la inocencia que solo ellos poseen sin advertir el peligro.
Solo las lilas, me regalo el perfume dándome la bienvenida. De las yucas y el viburno mejor no digo nada. Del macizo central, solo sobrevivió la hierba de San Juan. Que todo lo invadía. Aquí no pude mas y di media vuelta, para subir al primer piso.
Cualidades, seguro que tiene y buenas. Pero el buen gusto y el arte de decorar nunca fueron su punto fuerte y eso se notaba en el salón. (Otra razón mas por lo que me marche.) No lo reconocía. Lleno de cosas inútiles. Y fuera de lugar. El silencio me causaba dolor. Un dolor intenso insoportable.
Estaba allí otra vez y las vivencias del pasado aparecieron sin control ni cronología Las vocecitas de mis hijos, siendo niños salían de las estancias. Sentí escalofríos en todo mi ser. Recorrí todas las habitaciones. Primera planta, segunda planta, Los dormitorios. En la puerta del dormitorio principal me detuve, como lo haría un perro bien amaestrado. Al que no le esta permitido entrar allí. Solo mire en su interior. Perpleja y horrorizada me preguntaba ¿cómo alguien puede dormir en ese lugar en esas condiciones? Las cortinas ennegrecidas y tiesas. Vi mucha suciedad entre todos aquellos objetos personales, que un día me pertenecieron. Seguían en el mismo sitio donde los deje. Esa ya no es mi habitación.
El estudio y la terraza del tejado. Era mi lugar favorito para tomar el sol. La encontré resquebrajada por el frió de los inviernos. Con musgo y malas hierbas creciendo entren las losas. No era la misma. Como yo. Al lado de la ventana el sillón de mimbre donde me sentaba a leer, el cojín suave, había perdido su color. Mi chal junto al libro que estaba leyendo cuando me marche. Seguía en el mismo lugar cubierto de polvo. No sé el tiempo que permanecí allí. Solo me repetía, que cometimos muchas equivocaciones. Llevados por la juventud y por la inexperiencia.. Tanto esfuerzo tanta lucha por construir y terminar la vivienda y hoy permanece descuidada. Nadie quiere vivir en ella. Di un portazo a mi salida y no tengo ganas de regresar a ese lugar.
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